El viaje a Tallin!
Pues nada, al final no tuve problemas con los líquidos y pude volver a Berlín a pesar de que había un error en mis apellidos y a más de uno le hubiera gustado reírse en el control… jejeje
El viaje en general genial. Todo el día riéndonos de tonterías, metiéndonos los unos con los otros para variar… etc…
El viernes a la llegada nos esperaban para recogernos, pues los apartamentos que teníamos alquilados ofrecían el servicio de recogida y llevada al aeropuerto. La verdad es que los conductores no eran excesivamente simpáticos, supongo que no tendrían mucha idea de inglés y de ahí su extraña conducta. Sin embargo el resto de día comprobamos que la gente era súper amable y muy majos, también hay que decir que están muy acostumbrados a los turistas.
Cuando llegamos estuvimos media hora buscando nuestro apartamento y es que parece mentira que vivamos en Berlín y conozcamos los patios interiores… hasta que se nos ocurrió mirar. La primera noche a pesar de estar cansadillos, de habernos levantado pronto para currar o estudiar, el viaje, etc… Salimos a dar una vueltecilla y a catar la cerveza tallinesa en bares típicos medievales, al final acabamos en un bar irlandés con música en directo incluida… jeje…. y luego en el centro de reunión (el salón del apartamento).
El sábado nos dedicamos a ver Tallin, la verdad es que para ver lo más interesante se ve en un día. Tallin tiene más de 400.000 habitantes pero lo más importante es el casco antiguo (Patrimonio de la Humanidad) y se recorre a pie bastante rápido. Tallin es la capital de Estonia desde hace 18 años, después de diversas invasiones, alemanes, rusos, alemanes…. en fin… El centro está rodeado de una muralla, a la cual es posible acceder por el módico precio de 1€, merece la pena si no eres claustrofóbico o te dan miedo las alturas, yo reconozco que las pasé p…. para bajar. Tallin tiene varias iglesias y catedrales interesantes, el edificio del ayuntamiento y su plaza, el parlamento, las calles y el ambiente en general merece la pena. Eso sí… turistas a punta pala y españoles por todas partes. Lo de pagar en Coronas un follón, si quieres pagar en Euros pagas el doble. El sábado por la noches decidimos tomarnos algo de tranqui porque así el domingo cogeríamos ”temprano” un ferry (de 10 plantas!!) para ir a Helsinki. Nos quedamos durmiendo, pero finalmente subimos al ferry (dos horas y media de ida y, otras dos y media de vuelta). Helsinki es más grande que Tallin, unos 600.000 habitantes. No sé porque me lo había imaginado de otra manera. Es una ciudad muy oscura, no hay muchos monumentos o edificios que visitar, un par de catedrales ortodoxas y el puerto. Helsinki tiene creo más de cien islas y la llegada al país en barco es impresionante. Islas por todas partes y una ciudad rodeada de costa y puerto.
El domingo decidimos salir a tomar algo y hacer botellón junto con los nativos en el parque de enfrente de nuestro alojamiento. Hay que ver lo que beben estos del norte…
El lunes aprovechamos el día para pasear por las zonas que no habíamos visto de Tallin y recoger la maleta y de vuelta a Berlín. Comimos en un restaurante medieval, increíble, las fotos lo demuestran. Esta vez el conductor nos recogió con un cartel con el nombre de Pedro (mi amigo, que hizo la reserva) y sólo nos dijo “Hi”.
En el avión me puse a estudiar un ratillo pero no me podía concentrar pensando que en menos de dos días vendría de visita a ver a la familia. Y ahora estoy aquí
lástima que el tiempo no acompañe. En Berlín hace mejor tiempo que aquí, bueno así se me hace menos duro tener que estudiar y hacer exámenes…
A la llegada al aeropuerto de Tallin.
Parte de la muralla y una de las torres.
Vista desde una de las torres a la catedral de Alexander Nevski
Aquí una haciendo la mona delante de la catedral.
Puerto de Tallin visto desde el barco.
Helsinki. Pedro, Marcos, Conchi y Jose A. en la Plaza del Senado y detrás la Catedral de Helsinki.
Helsinki, Catedral ortodoxa de Uspenski.
Aquí disfrutando del último día llenando la panza en un medieval.